Apreciar a la madre naturaleza nos ayuda a salir de nosotros mismos y olvidar las preocupaciones, cualquiera de nosotros puede abrirse a la naturaleza con muy poco esfuerzo, con solo abrir los ojos y los sentidos, y sentir la intensa belleza del mundo natural.
La naturaleza puede calmarnos y consolarnos, pero la experiencia más pura de la naturaleza consiste en ser simplemente consciente de ella tal como es.
Contemplar la naturaleza ya sea en forma de árbol, flor, o río es una forma natural de curarse.

Dentro de la naturaleza podemos encontrar a la planta sagrada “La Ayahuasca” que es la Madre, doctora y maestra de todas las plantas y que provoca estados de carácter curativo, místico y visionario.
La Ayahuasca contiene el espíritu creador, la energía vibrante y el poder de la naturaleza. Es la quinta esencia de la sabiduría ancestral. La Ayahuasca permite que, las personas vayan desvelando y descubriendo el misterio o la incógnita que son; esta apertura, equivale a una nueva dimensión de conciencia.
La Ayahuasca nos hace entender el principio fundamental de nuestra dinámica e interrelación con la naturaleza; las plantas, no solo nos alimentan materialmente, sino también y sobre todo, nos alimentan espiritualmente. La Ayahuasca despierta en los seres humanos, el impulso al bienestar y a la búsqueda de la salud. Nosotros los seres humanos, tenemos naturalmente, un anhelo profundo de sentido y plenitud en la vida.
El hombre y la planta, comparten la misma energía y son parte de la naturaleza. El misterio que nos cierra espontáneamente, genera respeto profundo que invita a la limpieza, a la purificación en todos los niveles.
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